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lunes, 22 de junio de 2015

Verbena de San Juan. 5 maneras de sobrevivir a ella (artículo)

La Verbena de San Juan es esa festividad que se celebra la noche del 23 hasta la madrugada del 24 de Junio. En ella se conmemora el solsticio de verano, aunque este sea oficialmente el día 21 de Junio pero que por razones eclesiásticas y que el común de los mortales no puede conocer, la cambiaron al 23-24.

Es una noche mágica donde el cielo se ilumina por las miles y miles de hogueras que arden para celebrar que el veranito, los "vermuts" y las canciones-lapa (esas canciones de verano, con rimas tan cutres que se te pegan a la cabeza dándote ganas de pegarte un tiro) ya están aquí para hacernos disfrutar del maldito calor estival.

Por esa razón y porque últimamente solo veo que los bloggers escriben dando rankings, consejos o listas...He decidido hacer una.
No porque me considere blogger, ni porque me considere un periodista, si no porque me gusta enumerar cosas. Pero como no doy para mucho daré solo cinco “recomendaciones” (no se contar más allá de los dedos de mi mano)(dad gracias a que no soy una tortuga ninja...sería una lista muy corta).

Con es idea en mente te voy a dar 5 consejos para sobrevivir a la Verbena de San Juan.

1.- Cuidadín con pasarse con la coca.

Es una noche donde la fiesta recorre las calles, donde los excesos están permitidos. Cualquier excusa es buena para ponerse hasta arriba de coca.
No penséis mal.
Estoy hablando de un tipo de bollo que se realiza por las tierras catalanas y es tradición comer en la verbena. Aunque sinceramente, como está más buena es después de una noche de farra donde tienes la lengua como un neumático de tanto beber y donde el llamado “hambre de colocón” te ataca cual bestia sanguinaría al amanecer.
Así que tened cuidado con la coca de San Juan. Una ingesta exagerada puede provocar un aumento considerable de las cartucheras y los muslos que tanto hambre están pasando en la operación bikini que tantas acelgas nos está costando.
No confundir con la coca en San Juan. Está puede provocar que acabes a las 6 de la mañana en un control de la policía cantando “pim pam toma lacasitos”.

2.-¿Es buena idea saltar la hoguera?

Una gran tradición de esta noche es realizar una hoguera. Y como latinos que somos y exagerados por naturaleza, cuanto más grande mejor.
Vamos que cuando estás delante de ella te haces vuelta y vuelta como un trozo de lomo de cerdo. Que tengo colegas que hasta chisporrotean como el beicon. Y es que cuando sudando como un cabrón llegas cerca de tan intenso calor piensas si destruir el anillo o no.

Bien. Pues ya tenemos la puta hoguera, que no veas como se ha puesto tu madre por arrancar las puertas de casa para alimentar el fuego. Ahora solo falta saltarla.

Si si, hay que saltarla. Porque hay una tradición que dice que saltar la hoguera de San Juan trae buena suerte. Y así, años y años vemos como miles de imbéciles borrachos como para estar cinco días ardiendo, saltan por encima de un fuego alimentado posiblemente con el mismo alcohol que corre por sus venas.

Y yo me pregunto...¿de dónde habrá surgido esta tradición?

Y la respuesta es clara. De la iglesia.

Y es que me veo al cura, en la edad media,  diciéndole a las mujeres del pueblo que saltar a la hoguera traía buena suerte. Luego ya si ardían era por ser brujas y eso.

Así que ya sabéis, si vais borrachos, con los pantalones bajados o saltáis menos que Falete...no saltéis la hoguera. Y si lo hacéis sazonaros bien, que el hambre de colocón es muy grande.


3.-No hagáis rituales sin supervisión.

Como es una noche mágica, donde el más tonto de los mortales puede hacer un ritual que ha visto en una revista para adolescentes para que su mierda de vida sea mejor, pues venga, todos a hacer magia pagana así a lo loco.

Es importante que si no creéis en estas cosas, no llevéis al colega de turno,que si cree, a la fiesta. El alcohol, los inciensos y el olor de ciertas plantas (sean fumadas o no) puede hacer que cualquiera se crea Gandalf e intente hacer barcos con el humo de un cigarrillo mientras invoca los nombres de los componentes químicos que ha leído en una caja de tampax compac.

Que lo mismo invoca a uno de los enanitos de blancanieves que resulta ser Furioso (ese es su nombre) y os revienta la puta boca mientras ríe colocado por el humo que tenéis liado.

La magia solo pueden practicarla aquellas personas que tengan el don. Aquellas m pque tengan algún tipo de poder. Y si ese poder es la Supervisión pues mejor. Así “verás” venir las consecuencias. (Que Dios me perdone por este chiste tan tan malo).

4.- Ojo con la pólvora y el fuego.

Es la noche de la pólvora y el fuego. Donde el calor hace que todo estalle y donde la pólvora corre por las calles como si tuviera vida propia.

Lejos de advertir sobre lo peligrosos que son ciertos artefactos pirotécnicos...advierto sobre el fuego que nos consume por dentro esa noche y donde todo el mundo quiere experimentar los fuegos artificiales o lanzar una buena traca.

Y es que todo el mundo esta loco por culminar la noche con una buena petada donde el hermano pequeño de la pólvora tiene todo el protagonismo. El polvo.

Y es que más allá de toda la parafernalia de chispas y colores, más allá de toda la calor y el fuego interno, los mortales quieren echar un polvo.

Y no tiene que ser un buen polvo. Algunos buscan la típica traca que no defrauda. Otras, los cohetes que iluminen su cielo estrellado adornándolo de mil colores especiales. Y los hay que con tirar una bombeta o al menos encender una bengala ya están contentos.

Pensad bien que tipo de petardos queréis explotar esa noche. Y hacedlo con seguridad, poneros un guante o algo.

5.-Tened cuidado, el Diablo anda suelto.
Lo que mucha gente no sabe es, que en esta noche, el Diablo anda suelto entre los mortales para festejar la celebración del fuego y propagar los pecados como si de un video sobre gatitos se tratara. Gatitos muy monos y que hacen mucha gracia.

Y es que, en una noche donde hay fuego por las calles, explosiones, drogas y alimentos azucarados (la coca) y la gente va loca por follar, hay que tener cuidado. Pues aunque no lo parezca, una noche de fiesta se puede convertir en un auténtico infierno donde... se pierde un colega, alguien se cae encima de las bebidas y las revienta (que el tío este sangrando por los múltiples cortes no importa, que se joda), la hoguera no prende porque alguien ha traído las sillas mohosas de casa de su abuela, el que tenía el dinero para comprar los petardos se los ha acabado fumando, el tío que te querías follar se ha quedado dormido sobre su vómito (aunque sigue tan guapo...aixx), no follas ni aunque sigas ofreciéndole billetes a la farola con la que te estas rozando....

Mil y una cosas con las que el Diablo se divierte a costa de lo patéticos que somos los mortales.

No olvidéis que el Diablo tiene el rabo muy largo.

Le encanta dar por culo.

Y tiene mucha hambre de colocón.




lunes, 26 de enero de 2015

Walking zombi (artículo)

Los zombis están de moda.
Me estoy refiriendo a las películas, las series, los videojuegos, etc... y no que en los desfiles de París y Milán la gente luce cadáveres (bueno sí, las pieles de animales, pero no es el tema).


Que los zombis venden esta claro. Hay personas que son fans de lo que ya es un género, las películas, el merchandising y todo lo relacionado con el tema. Que se disfrazan de zombis y hasta quedan en grupos para simular una “manada” de devoradores de carne. Incluso hay personas que creen en la llegada del popularmente llamado Apocalipsis zombi. Personas que se preparan. Que tienen reservas de comida, armas y un lugar seguro a prueba de muertos vivientes.
Me parece bien. Cada uno tiene sus gustos y … nunca se sabe.


Pero mi pregunta es...¿Por qué nos atraen tanto los muertos vivientes? ¿Qué es lo que tanto nos fascina de estos seres sin cerebro que vagan en grupo buscando algo que los llene?


La respuesta es más que evidente.


Nos sentimos identificados.


Simplemente hay que observar nuestro comportamiento cuando nos encontramos dentro de un grupo numeroso de personas a las cuales no conocemos.


Sin ir más lejos. Estas navidades, mientras realizaba mis compras navideñas, fui a un centro comercial a la hora de apertura. Mi plan era ir a buscar una cosa en concreto y largarme. Era una operación rápida. Entrar y salir. Pero no fue así.
Cuando llegue a la entrada de una conocida tienda de electrónica vi a un centenar de personas esperando en la puerta. Ninguna se miraba entre sí, solo miraban al frente, sin hablar. Toda esa multitud estaba a medio metro escaso de la cristalera que les impedía el paso  viendo como los trabajadores que estaban dentro se preparaban para su jornada laboral infernal navideña.
Los zombis de fuera no miraban directamente a los empleados de dentro (es de mala educación). Y los trabajadores, de vez en cuando, lanzaban miradas nerviosas a la horda de autómatas que esperaban que las puertas se abriesen para atacar.


Decidí darme media vuelta y largarme antes que me olieran o alguno diera el gemido de alarma.


Otro gran ejemplo ocurre cada día. Millones de personas usan el transporte subterráneo metropolitano (o metro) en las principales ciudades del mundo.
Todas ellas apiñadas, juntas en un sitio reducido que no deja lugar al espacio personal... Donde el olor es muy parecido al de cadáveres en descomposición. Y donde las miradas no se encuentran y los ojos miran al vacío de la nada. Todos autómatas absortos en una especie de no vida , o no muerte para el caso, mientras sus movimientos zombificados se compaginan con el vaivén del vagón. Todos moviéndose en una especie de procesión macabra perfectamente ejecutada entre trasbordo y trasbordo.


Más de una vez me han dado ganas de proferir un lamento gutural y bajo para ver sí entablo comunicación con alguno.


He llegado a presenciar artistas y pedigüeños que se vuelen invisible mientras caminan (y a veces saquean) entre los muertos. Pues estos tienen los oídos sordos por la música y la vista fija en pantallas táctiles.


Y es tal el nivel de muerte en vida que la gran mayoría ni se inmuta ante la súplica de ayuda de alguien que ha sido robado o incluso agredido.


Los ojos muertos no se fijan en el sufrimiento ajeno. Y es que nos estamos convirtiendo en espectadores de la vida.


Estamos tan insensibilizados que cuando vemos una situación violenta, extraña o aliena a lo que entendemos como normalidad nos parece estar viendo una película y actuamos en concordancia. Miramos con los ojos fijos mientras tenemos la boca ligeramente abierta.


Que solo nos falta babear.


Si realmente hubiera un Apocalipsis zombi nos quedaríamos mirando como devoran a la gente a nuestro alrededor hasta que llegara nuestro turno. Y así engrosar las filas de los muertos que parodian la vida que los vivos no han sabido vivir.


Los zombis actúan en horda porque no tienen cerebro. Nosotros si.


No te conviertas en un muerto viviente. No traigamos el Apocalipsis zombi.


Recuerda que ha todo zombi, tarde o temprano, le acaba explotando la cabeza. 


No seas un walking zombi. 



domingo, 23 de noviembre de 2014

Campo de entrenamiento los 80's (artículo)


Cada generación tiene algo que la distingue del resto. Cada persona que ha vivido en un período de tiempo concreto esta preparada para afrontar los desafíos que se le plantean en un futuro no muy lejano.
A nosotros se nos preparó para sobrevivir al fin del mundo.

Todo aquel que haya vivido en los 80 (y principios de los 90) sabe a lo que me refiero. Sabe que somos una generación de supervivientes natos capaces de perpetuar la especie. Aptos para sobrevivir a las calamidades que se presenten.

Hemos sido entrenados en los 80's.

Nuestra generación fue entrenada para alimentarse de cualquier cosa con cualquier sabor y disfrutarlo como si fuera todo un acontecimiento social. Si no me creéis como se pueden explicar las miles y miles de chucherías raras y extrañas a las que fueron sometidos nuestros paladares.
Había picapicas que cada vez picaban más y más, hasta el punto que parecía que te saldría el fuego de pecho de Mazinger Z.
O dulces con sabores tan raros que la cara se te ponía como a Sloth , el feo de los Goonies.
Y no me hagáis hablar de los helados de pitufo. De que cojones los hacian?! Como son capaces de crear un helado azul con un sabor tan, tan, tan...indeterminado. Y casi mejor no quiero saberlo. Pobres pitufos.

Otra parte importante fue el entrenamiento sensorial y mental. Como se pusieron a prueba nuestras mentes juveniles e infantiles y nuestros sentidos frente a horas y horas de televisión. Me estoy refiriendo concretamente a los dibujos animados.
Aquellos dibujos que hablaban con un acento raro que no era de ningún lugar de este país(aún). Con tíos musculados que invocaban el poder de playscool o algo así. Que tenían unos efectos especiales capaces de provocarnos crisis epilépticas o de hacer que nos picaran los ojos por dentro.
Luego llegaron los dibujos japoneses.
Cuantos de nosotros nos hemos roto los huesos intentando hacer un chilena en el parque de adoquines de al lado de casa. O hemos realizado un Kame kame ha (onda vital allende las terres del drac) y un meteoro de pegaso para masacrar a nuestros amigos y allegados.
Cuantos compañeros he visto morir intentando hacer una Catapulta Infernal. Cientos y cientos. Ahora entiendo el nombre de la catapulta.

Pero el entrenamiento no estaría completo sin un lugar adecuado para perfeccionarlo y purgar a los especímenes más débiles. Un lugar con obstáculos mortales destinado a crear espartanos de nueva generación.
Un parque.
Porque así eran los parques. Verdaderas pistas americanas de la muerte donde uno tenia que sortear jeringuillas, deposiciones caninas (mierdas de perro para aquellos que habéis hecho la ESO) o subir a los alto de castillos de metal oxidado donde cualquier corte, herida o pinchazo era curado por uno mismo administrándose una buena dosis de saliva en la zona afectada. No hay cura mejor. Que los mismo servia para curarte que para limpiarte los churretes de mierda de tanto jugar y jugar.

Eso si. Teníamos todo el equipo que necesitábamos para tal actividad física. Pantalones cortos. Tan cortos que ahora nos parecen “ridículots”.
O cuando el frío arreciaba, chándals de Tactel. Que uno se pensaba que llevaba un uniforme de cazafantasma, (y mira que cuando meábamos casi nunca cruzábamos los rayos) jóvenes ilusos . Los chándals más horrendos que el ser humano ha podido y podrá confeccionar nunca.
Estas ropas estaban creadas especialmente para que sus portadores no pudieran perderse, funcionando incluso de noche, como los putos gusiluz.
Otro de sus cometidos era asustar a las bestias que se acercaran y por eso eran feos de cojones. No hay león (o thundercat) que no se sienta confundido ante tal visión monstruosa. Por no hablar de los complementos como la gorra visera o la riñonera. Joder, que parecía que íbamos disfrazados de Doraemon (está claro que Doraemon es un yonki ochentero).

Todo esto y más (que me dejo para otro artículo) nos convierte en los más preparados para sobrevivir a los zombis, las pandemias, los asteroides, las crisis, la corrupción y los días sin iva.

Si no has vivido en esta generación no te lo pienses, regresa del futuro y vívela.

Sobrevivirás.

Habrás sido entrenado en los 80's.