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domingo, 2 de agosto de 2015

El árbol de la vida (reflexión)

Hay que vivir la vida a tope. Disfrutar cada sorbo como si fuera el último.

Aprovechar el tiempo al máximo y exprimir el jugo que te da la vida.

Con esa filosofía en mente me disponía a dormir la siesta.

Lo sé. No es muy excitante. Pero tenía sueño.

Además, no era una siesta corriente. Era una siesta a la sombra de un gran árbol mientras la brisa estival movía las hojas.

Merecía la pena, créeme.

Y mientras mis ojos contemplaban ese magnífico castaño, mi mente comenzaba a divagar buscando los jardines de Morfeo. Buscando la entrada al reino de los sueños que parecía esquivarme como lo hacen dos amantes que juegan al escondite.

Fue entonces cuando me di cuenta que aquel árbol. Ese magnífico castaño era un reflejo de mi vida. De la vida de cualquiera de nosotros. De la vida de todos.


La vida es como un árbol.

Sus raíces son las tuyas. Son la parte de ti que ya traes cuando llegas a este mundo.

Son todo aquello que tus ancestros te han dejado. El legado que pesa sobre ti y desde donde se empieza a forjar tu carácter. Tu manera de ser. Tú misma esencia.

Tus raíces son aquello que cuando los malos tiempos hacen que te tambalees te aguantan para resistir el embate.

Por mucho que el viento sople intentando derrumbarte siempre puedes recurrir a ellas para saber quién eres.

Tu fortaleza reside en saber quién eres y de dónde vienes. Sabiendo eso nadie podrá arrancar tus raíces.


El tronco del árbol es el recorrido de nuestra vida. De tu vida. Es el reflejo del camino que emprendemos al nacer hasta llegar a nuestro ocaso.

Los más ambiciosos dirían que simboliza lo alto que podemos llegar en la vida. Pero lo importante no está en la altura que se consiga, si no en disfrutar del crecimiento. Cada experiencia nos enriquece más. Cada nueva vivencia nos convierte en seres únicos con un trazado vital propio que nada ni nadie puede repetir.

Y es que al observar como es el tronco podemos ver como su figura serpenteante describe nuestro camino vital y como ésta se ondula a través de los años.

Cada nudo y cada muesca son las marcas con las que nuestro ser va creciendo.

Son la impronta que deja testimonio de que hemos vivido.

Una vez dije: "Que las cicatrices de tu alma conformen el mapa de tu vida".

Sigo pensándolo.


Por eso estoy orgulloso de las marcas de mi tronco.


Las ramas. Nuestras ramas son las personas que hemos conocido. Aquellas personas que se han cruzado en nuestro particular camino. Aquellas personas con las que hemos compartido vivencias y experiencias que siempre viajarán con nosotros. Contigo.

Un árbol completo tiene ramas gruesas y finas. Ramas cortas y largas. Muchas ramas.

Algunas seran más importantes que otras. No por el tiempo compartido con ellas, ni por el tipo de relación. Si no por el grado de influencia que han tenido sobre tu ser.  

Las ramas más importantes de tu árbol seguramente correspondan a familiares, amigos y  parejas. Estas ramas son las que darán forma a tu árbol. Las que habrán aportado o desviado tu tronco de una manera que nadie podía preveer.

Algunas estarán podridas y desearás que se rompan y dejen su fea ausencia en tu tronco. Pero habrá otras que no quieras perder. Ramas que no querrás dejar secar y que se caigan con el paso del tiempo.

Por eso intentarás, que aunque la distancia sea mucha y el tiempo escaso, regarlas con  algún encuentro, con aquello que aún os conecte, con una sonrisa que no deje morir aquella rama.

Por muy lejos que esté.

Todas las ramas dan hojas. Un manto silvestre que simboliza los recuerdos compartidos. Como si de un álbum de fotos se tratara. Cada hoja representa una instantánea de un momento compartido. Una foto de un recuerdo. Una imagen que junto al resto forman el mosaico de recuerdos que cuentan de manera colorida una vida. Tú vida.

Algunas hojas caen con el paso de las estaciones. Otras son arrastradas por el viento cambiante.

Pero las realmente importantes no se caen jamás. Puede que cambien de color como si de fotos viejas se trataran. Pero algunos recuerdos siempre permanecerán frescos en nuestro árbol.

En tú árbol.

El árbol de la vida.


      

lunes, 13 de abril de 2015

Made in Santako (casi autobiografía)

Dicen que el lugar de donde vienes, te marca mucho como persona. Dicen que el lugar donde te criaste te forja, que deja su firma impresa en ti.
Es cierto.
Allí adonde he ido y todo cuanto he hecho en mi vida está intrínsecamente relacionado con de donde soy y de donde provengo.

Todo el equipaje que llevamos a nuestras espaldas bebe de las personas que nos hemos encontrado por el camino, de las que se han quedado en nuestras vidas, de los hechos vividos durante nuestras primaveras, pero también del entorno donde hemos existido.

Pues aunque no lo parezca o no lo percibamos, esas calles, las calles de tu pueblo o ciudad, tienen esencia propia. Una esencia que va calando en la personalidad de sus habitantes y va dejando unos rasgos comunes en todos ellos.

He nacido en Santa Coloma de Gramanet. Y desde hace 33 años recorro sus calles como sólo lo harían dos viejos y buenos amigos.

Y es que durante todos esos años he visto como la ciudad crecía y maduraba junto a mí. Como a medida que mi persona se iba construyendo, mi ciudad se reconstruía pasando de un desastre infraestructural (digno de estudio en el extranjero) a un ejemplo de como las cosas, al igual que las personas, pueden ser mejores si se hacen con voluntad y corazón.

Sé que mis palabras están cargadas de orgullo al escribir sobre mi tierra. Y es así como lo siento.
 Cada vez que me han preguntado de donde soy, he pronunciado su nombre con orgullo.

Mi ciudad, Santa Coloma de Gramanet está situada en la provincia de Barcelona, Cataluña. Con sus cerca de 120.000 habitantes es la novena ciudad más poblada de Cataluña y la quincuagésima de España.
Y es que somos muchos colomenses y cada vez estamos más repartidos por el mundo.

Los primeros en pisar estas tierras fueron los iberos que por aquello del 3.500 a.c. formaron el poblado situado en el Puig Castellar. Y desde entonces hasta ahora ha llovido mucho.

Y es que santako, como muchos la llamamos, es capaz de brindar grandes lecciones vitales en las que se aprenden ciertos valores y maneras de ser.

La humildad, con la que las personas de esta antigua ciudad dormitorio han trabajado toda su vida para que sus hijos pudieran tener la educación que ellos no pudieron tener.

La dureza, con la que la vida te da de frente y te tumba. Esa dureza que hace que no te duelan los golpes, si no que te rasques la herida, te levantes y estés dispuesto a luchar de nuevo. Aún sabiendo que encajarás más golpes.

La tolerancia, en un lugar levantado por emigrantes donde conviven con inmigrantes de todas las nacionalidades. Donde la multicultularidad, que no la globalización, es un crisol donde forjar un futuro juntos.

La valentía, para luchar por lo que quieres sabiendo que nadie regala nada y que solo el esfuerzo, el ingenio y la tozudez pueden llevarte a tus metas.

Todas esas cosas y más son las que he aprendido. Las que sigo aprendiendo en mis calles.

Calles por las que he andado, reído, llorado, corrido, divertido, leído, bailado, paseado y muchos más -ados e -idos.

Calles por las que he vivido.

Calles que me han hecho como soy.

Las calles de santako.

Made in santako.


Imagen extraída de la web del Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet  

domingo, 29 de junio de 2014

One Man (biografía)


Me gustaría contar la historia de un hombre.
Un hombre considerado un ejemplo a seguir por muchos y un Dios entre la humanidad por otros. Un hombre que no es del todo un ser humano, pues su origen proviene de un lugar lejano. Un lugar que está mas allá de las estrellas. Un lugar del cielo.
Un hombre que sería la inspiración para grandes historias.
Un hombre.

Su venida era tan esperada que una estrella cruzó el firmamento como un cometa, anunciando su llegada a esta tierra para guiarnos.
Y la estrella llegó hasta unos padres que no tenían hijo pero deseaban uno con todo su ser.

Así fue como el hijo de Él fue criado sin la presencia de su padre por una familia humilde que trabajaba con las manos para poder comer. Un entorno rural donde aprendió el significado del trabajo duro y el respeto por los hombres que se ganan el pan con el sudor de su frente.
En este lugar fue criado. Criado por un padre que no era su padre. Un padre que lo vio hacerse más fuerte, convertirse en un hombre justo, un hombre de bien.
Un hombre que descubrió que no era del todo normal. Pues era capaz de obrar prodigios, capaz de obrar milagros imposibles para el resto de los hombres.

Con semejante poder en las manos y abrumado por ellos, marchó de casa en busca de respuestas.
Viajó y viajó hasta que llegó a un lugar desierto donde el silencio era promesa cumplida. Y en la soledad del mundo escuchó la Voz. La voz de su verdadero padre. La voz de aquel que está más allá del cielo.
Él le reveló su verdadera naturaleza, su verdadero linaje. También le contó de lo que era capaz y que había sido enviado a este mundo de hombres para ayudarlos. Para que se convirtiera en un símbolo. Un símbolo de paz, bondad y fraternidad entre los pueblos de la humanidad.

Y así lo hizo.

Durante sus viajes conoció a numerosos amigos que se unieron a su causa. Amigos de toda clase, profesión y tipo. Uno de ellos cargado de remordimientos y oscura culpa que se convertiría en uno de los más cercanos.
Y todos ellos formaron una compañía, un grupo, una liga que buscaba salvar a la humanidad. Buscaba salvar el mundo.

Tampoco faltaron los enemigos. Enemigos que querían verle caer. El más peligroso de ellos era muy rico y estaba empeñado en que no cumpliera su destino de salvador.
Pero nada puede hacerse con alguien tan íntegro y puro que está dispuesto a sacrificarse por el bien de los demás. Alguien dispuesto a salvarnos a todos.

Los años pasaron y como todo hombre, se enamoró. Se enamoró de una mujer, una mujer mortal que siempre estuvo ahí cuando él tropezó. Siempre estuvo para sostenerlo cuando sus fuerzas flaqueaban. Una mujer que estaría a su lado hasta el fin.

Y entonces llegó el día. El día en el que se convertiría en el símbolo que recordarían generaciones y generaciones de hombres.
Haciendo gala de un gran sentido de la responsabilidad recibió estoicamente el manto del elegido. Un manto que era más que una sábana o una capa. Un manto que lo convertiría definitivamente en algo más que humano. Algo que lo separaría del resto de la humanidad para ensalzarlo como algo más. Algo que velaría por el bien de la humanidad.

Y fue la mujer que amaba la encargada de llevar las noticias de su cambio. Encargada de contar su ascensión a los cielos.

Y desde los cielos nos custodia como un hombre protector de sus hermanos.

Y cuando alguien lo necesita siempre mira a los cielos pidiendo su ayuda.

Pidiendo la ayuda de un hombre que se crió entre ellos pero no era tal.

Un hombre que encarna la justicia, la bondad y el bien.

Un hombre.

¿De quién trata esta historia? 
Mira la foto y decide.
¿Hablo de Superman o de Jesucristo?
Cuando lo tengas claro... Vuélvete a leer el texto como sí hablará del personaje que no escogiste.
¿Sabes ya sobre quién trata la historia?